Escrito por Redacción
15 de agosto de 2026 | 11:00 hrs.
La generación de basura per cápita en la Ciudad de México se ha consolidado como la más alta de toda la República Mexicana. De acuerdo con los datos más recientes del sector ambiental, cada habitante de la capital produce en promedio 1.158 kilogramos diarios de Residuos Sólidos Urbanos, una cifra alarmante que supera holgadamente la media nacional de 1.076 kilogramos y desplaza a entidades de alta actividad industrial como Baja California (1.142 kg), Nuevo León (1.138 kg), Estado de México (1.127 kg), Coahuila (1.117 kg) y Tamaulipas (1.112 kg).
En medio de este escenario de colapso ecológico, la administración encabezada por Clara Brugada enfrenta severos cuestionamientos por la falta de un plan integral de economía circular. La generación de basura en las dieciséis alcaldías no solo representa un reto de salud pública, sino una sangría económica diaria para las finanzas de la metrópoli, la cual destina millones de pesos a la recolección sin lograr una verdadera transformación en el tratamiento de los desechos.
1. Desproporción per cápita e ineficiencia en el origen
El primer foco de crítica hacia el gobierno capitalino surge de la propia composición de los residuos y la incapacidad para frenar la fuente de origen. Del total de la generación de basura en la capital, el 70% proviene directamente de las casas habitación, mientras que el 30% restante se origina en la vía pública y establecimientos comerciales.
La caracterización física revela que el 41% corresponde a materia orgánica, el 36% a materiales potencialmente reciclables y un 23% a productos no valorizables como pañales, residuos textiles y cascajo. Pese a que más de las tres cuartas partes de los desechos podrían reincorporarse a cadenas productivas o de compostaje, la generación de basura doméstica se envía casi íntegra a los sitios de disposición final por la ausencia de programas severos de separación obligatoria en los hogares.
2. El costo diario millonario de la recolección
Un segundo punto crítico es el enorme costo operativo que implica mantener un sistema de limpia obsoleto. A la administración capitalina le cuesta exactamente 296 pesos la recolección de cada tonelada de desperdicios. Con una producción diaria que posiciona a la urbe en el segundo lugar nacional en volumen absoluto con 10 mil 699 toneladas (solo superada por el Estado de México con 19 mil 593 toneladas), la generación de basura representa un desembolso diario superior a los 3 millones 166 mil pesos para el erario capitalino.
Este gasto multimillonario no se traduce en calles más limpias ni en tecnología de vanguardia. Diversas organizaciones sociales señalan que la generación de basura sigue gestionándose bajo esquemas asistenciales e informales que favorecen el control corporativo de los camiones de basura, mientras los recursos públicos devoran el presupuesto de inversión ambiental.
3. El cuello de botella en la infraestructura de reciclaje
La generación de basura sin control choca directamente con la severa escasez de infraestructura pública para la selección y valorización. En todo el país apenas operan 39 plantas de selección registradas. La Ciudad de México solo cuenta con cuatro instalaciones operativas de este tipo, viéndose superada ampliamente por entidades como Jalisco, que encabeza la lista nacional con 11 plantas, e incluso empatada en baja capacidad operacional frente a Michoacán, que suma tres.
La promesa de transformar la generación de basura en energía u organopónicos ha quedado entrampada en el discurso oficial. La falta de inversión en nuevas plantas de clasificación impide que la economía circular avance, dejando a la capital muy lejos de los estándares internacionales de países europeos (donde la generación es de 1.4 kg pero con tasas de reciclaje superiores al 40%) o de Estados Unidos (1.7 kg per cápita).
4. Residuos en vía pública y falta de cultura ciudadana
El deterioro del espacio público en la Ciudad de México evidencia la falta de inspección e incentivos gubernamentales. Al menos 3 mil 209 toneladas diarias de la generación de basura total se depositan directamente en calles, mercados y comercios informales, generando tiraderos clandestinos que obstruyen la red de alcantarillado e incrementan los riesgos de inundación durante la temporada de lluvias.
Pese a las campañas institucionales de difusión, el gobierno de la ciudad no ha logrado articular mecanismos sancionatorios ni esquemas de educación ambiental efectivos. La generación de basura no disminuye porque no existen consecuencias reales para quienes tiran desperdicios en las arterias viales, ni incentivos fiscales para las empresas o vecinos que reducen sus desecho orgánicos.
5. Contraste nacional y abandono de la economía circular
El fenómeno resulta aún más gravoso cuando se compara la Ciudad de México con el resto del país. Mientras estados del sur como Chiapas (0.993 kg), Zacatecas (0.987 kg) y Oaxaca (0.955 kg) se mantienen por debajo del kilogramo diario por inhabitante, la generación de basura capitalina sobrepasa cualquier parámetro de sustentabilidad urbana.
La inacción gubernamental para implementar plantas de biodigestión y transferencia de última generación mantiene a la Ciudad de México en un modelo de gestión del siglo pasado. Si la administración local no prioriza la reconversión tecnológica y la reducción en la generación de basura, el costo financiero y la degradación ambiental amenazan con volver inviable la convivencia metropolitana en el mediano plazo.
