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Ambulantaje en la CDMX: 5 impactos del comercio informal

Escrito por Redacción
16 de agosto de 2026 | 08:30 hrs.


El deterioro del espacio público y la degradación del entorno urbano en la capital del país han alcanzado niveles sin precedentes en la historia reciente. Durante la etapa en que la izquierda moderada del PRD administró la ciudad, existía al menos un esquema discreto de ordenamiento y contención que contenía la invasión de las aceras. Sin embargo, con la consolidación de las administraciones de Morena, la proliferación del ambulantaje en la CDMX se ha transformado en un fenómeno fuera de control alimentado por el cinismo, la desregulación absoluta y la aparente complicidad entre las autoridades de la alcaldía Cuauhtémoc, el Gobierno central y las cúpulas de líderes de comerciantes informales.

Las calles del Centro Histórico, corredores turísticos e importantes nodos de transporte lucen asfixiados por hileras interminables de puestos semifijos que expenden mercancía de dudosa procedencia y baja calidad. La expansión desmedida del ambulantaje en la CDMX expone ante el turismo nacional e internacional la incapacidad de la Jefatura de Gobierno para aplicar el reglamento de vía pública. Esta omisión institucional no solo genera suciedad e inseguridad, sino que asesta un golpe devastador al comercio formalmente establecido que sí cumple con la carga tributaria y normativa del país.

1. Competencia desleal y asfixia al comercio establecido

El impacto económico negativo generado por la ocupación ilegal del suelo comercial es directo y cuantificable. La masificación del ambulantaje en la CDMX perjudica a miles de micro, pequeñas y medianas empresas legales que pagan rentas elevadas, licencias de funcionamiento e impuestos al SAT, mientras los puestos informales venden productos piratas o de contrabando a un costado de sus aparadores.

Reportes elaborados por la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de la Ciudad de México (CANACO CDMX) estiman pérdidas millonarias para el sector establecido en el perímetro A y B del primer cuadro. Tolerar el ambulantaje en la CDMX destruye empleos formales bien remunerados, convirtiendo la vía pública en un mercado persa desregulado que opera con total ventaja financiera sobre los establecimientos formales.

2. Deterioro urbano, acumulación de basura y contaminación

La falta de control sobre las actividades informales genera una crisis ambiental y sanitaria cotidiana en las vialidades más transitadas. El crecimiento del ambulantaje en la CDMX deja a su paso toneladas de residuos sólidos, grasas vertidas en las atarjeas y la obstrucción de pasajes peatonales estratégicos, deteriorando monumentos y edificios de alto valor arquitectónico.

Los informes de gestión ambiental de la Secretaría de Desarrollo Económico (SEDECO) señalan que los esquemas de limpieza pública quedan desbordados ante el volumen de desechos acumulados tras las jornadas comerciales. La presencia del ambulantaje en la CDMX transforma andadores turísticos emblemáticos en basureros al aire libre, proyectando una imagen de descuido y abandono institucional que demerita el atractivo cultural de la metrópoli.

3. Inseguridad y focos de extorsión controlados por mafias

Detrás del tendido de lonas de colores opera una estructura opaca que alimenta circuitos delictivos de mayor escala. La proliferación del ambulantaje en la CDMX está íntimamente ligada al cobro de piso, la venta de artículos robados y la operación de grupos de choque que utilizan la ocupación de banquetas como fachada para actividades ilegales.

Mediciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reflejan que la percepción de inseguridad se eleva drásticamente en zonas tomadas por el comercio informal. Al permitir el ambulantaje en la CDMX, el gobierno capitalino cede el control del territorio a agrupaciones de choque que extorsionan tanto a los propios vendedores informales como a los peatones que transitan por los corredores comerciales.

4. La complicidad política con los líderes de comerciantes

La reticencia de las autoridades capitalinas para aplicar la ley y recuperar los espacios públicos obedece a un cálculo estrictamente electoral. La consolidación del ambulantaje en la CDMX responde a un pacto implícito de impunidad donde los dirigentes de las organizaciones informales aportan contingentes de movilización política y votos a favor del partido en el poder a cambio de tolerancia total en las calles.

Esta relación clientelar ha desarmado los inspectores de la Vía Pública y a la Policía Auxiliar. Al disimular ante el ambulantaje en la CDMX, los gobiernos morenistas renuncian a su obligación constitucional de garantizar el libre tránsito y el orden urbano, prefiriendo mantener las alianzas políticas con cacicazgos que han lucrado históricamente con el espacio que pertenece a todos los capitalinos.

5. La pésima imagen proyectada al turismo nacional e internacional

El visitante que camina por las vialidades históricas se topa con un escenario de caos e ingobernabilidad que contrasta con las campañas oficiales de promoción turística. La presencia invasiva del ambulantaje en la CDMX bloquea el acceso a museos, restaurantes y arquitectura virreinal, proyectando la imagen de un gobierno municipal superado por la informalidad.

El turista es testigo mudo de la incapacidad operativa de las autoridades capitalinas para imponer el orden básico. La permisividad frente al ambulantaje en la CDMX daña el prestigio internacional de la capital, reduciendo la competitividad de la ciudad frente a otros destinos globales que sí priorizan el ordenamiento urbano y la protección del patrimonio histórico.

Conclusión: El rescate urgente del espacio público

Recuperar las calles de la capital requiere voluntad política, aplicación estricta de la ley y el fin de los acuerdos clientelares con las mafias informales. El descontrol del ambulantaje en la CDMX no es un problema de falta de empleo, sino el resultado del cinismo y la complicidad de un gobierno que decidió entregar las aceras a cambio de rentabilidad política. Si la administración capitalina no reordena la vía pública, la informalidad terminará por asfixiar el dinamismo económico y la convivencia social de la metrópoli.



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